Un asunto que parecería resolverse con una hoja de papel y lápiz, o en el mejor de los casos con una sencilla calculadora para sumar cantidades, tiene algunos conceptos ocultos o al menos no tan obvios y unos más intangibles que hace que si nos preguntamos ¿Cuánto cuesta el DPC? La respuesta no es fácil de dar.

costs

Entendemos por DPC todas aquellas actividades sistematizadas y encaminadas al aprendizaje y actualización del profesional que ya ha terminado su periodo de aprendizaje escolarizado. El DPC de los profesionales de la salud se da primordialmente en las instituciones asistenciales, en los cursos y congresos médicos, los diplomados, talleres y otras variantes de reuniones en las cuáles un experto transmite sus conocimientos y experiencias a los demás. También a través de la literatura médica y de la propia experiencia se aprende.

La parte fácil de la respuesta a la pregunta retórica enunciada en el primer párrafo viene de sumar los costos directos que tiene un curso o un congreso: la sede, los profesores, los traslados, las amenidades, los materiales, la infraestructura tecnológica (computadoras, proyectores, Internet, Software, etc.) y algunos más que no es menester describir a profundidad. Por otro lado, imaginemos que un médico obtiene una beca para asistir a un curso y no tiene que desembolsar ni un peso para atender a ese curso ¿realmente no invierte nada?. El intangible más importante a considerar en los costos es el tiempo, tiempo que dejará de dedicar a otras cosas como sus negocios, diversiones, familia, descanso y un largo etcétera. Adicionalmente será tiempo que tenga que utilizar en el estudio, una actividad que requiere mucha concentración y energía pero que no tiene un costo determinado. Se puede afirmar que el costo de tratar de mantenerse actualizado es simplemente ¡muy alto!

Otra forma de entender ese alto costo es si cambiamos la pregunta: ¿Qué pasa si no invertimos en el DPC? La consecuencia, si bien obvia, tampoco está cuantificada. Los profesionales no actualizados en su campo de acción, en pocos años verían que sus conocimientos adquiridos en las etapas escolares ya son obsoletos, verían que “el mundo” ha seguido avanzando y ellos han quedado atrás, atrás en conocimientos, habilidades y capacidades. Verían que ya no pueden prestar más el servicio que solían dar a sus clientes (pacientes en el caso de los profesionales de la Salud).

Afortunadamente este último panorama hipotético y apocalíptico es prácticamente imposible de pensar. Solo nos sirve para reflexionar en el beneficio que tienen los profesionales en invertir en su actualización y desarrollo y que este beneficio es indispensable para la sociedad.

En otro artículo ya he reflexionado sobre otra pregunta retórica ¿Quién debe pagar por el DPC? Llegando a la conclusión de que tampoco hay una respuesta fácil, pues muchos actores están directamente vinculados con esa responsabilidad y cuando “muchos” son responsables, “ninguno” lo es realmente. A pesar de esto, por fortuna para la salud, pocas profesiones tienen tanta actividad de DPC como la medicina.

Los actores involucrados en actividades de DPC tienen una gran responsabilidad en primer lugar con los profesionales, pero en un sentido más amplio, con la sociedad.

Por Gustavo Hernández Verde

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